jueves, 13 de febrero de 2014

El escaparate


Se paró delante del escaparate a observar. Simplemente a dejar pasar el tiempo. Sin importarle lo que pasara a su alrededor. No es que fuera el más atractivo ni tuviera nada que mereciera su atención. No lo tenía pensado ni anotado en ningún lado. Solo se paró allí.

Analizó cada esquina, cada objeto, incluso las motas de polvo que volaban al otro lado del cristal. Todo lo miraba, sin pensar en nada más.

La gente pasaba por detrás sin fijarse en ella. Los veía reflejados, pendientes de sus cosas. Era consciente de que el mundo seguía avanzando.

Empezó a llover. Abrió el paraguas y allí continuó, delante del escaparate, como si esperase que algo cambiara. De que todo sería diferente en un pestañeo. Pero nada se modificaba.

Y, de repente, se puso a andar. Decidió que ya era suficiente. Había pasado demasiado tiempo mirando algo que no le interesaba, algo que la cansaba. A ella misma quieta, delante del escaparate, sin hacer nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario