miércoles, 30 de mayo de 2012

Aquella eterna juventud

Ayer vi una película de esas en la que contabilizas dos o tres bostezos por minuto. Era aburrida, sin ninguna trama interesante y cuyos personajes no parecían ellos y eso que eran dos actores bien conocidos: Diane Keaton y Kevin Kline. A medida que iban pasando los minutos empecé a pensar en qué les había atraído a estos actores del guión. Cuento la sinopsis:

Ella es una mujer que padece el síndrome del nido vacío, es decir, sus hijas se han independizado y se encuentra viviendo sola con su marido. Un día, encuentra un perro abandonado en la carretera, lo recoge y lo adopta. El problema surge un año después, cuando pasando unos tranquilos días en su casa de verano, el perro se pierde. Pues toda la película continúa con la búsqueda del perro y el acercamiento de la pareja.

"¡Por fin solos!" (nombre que ya recibiera una película española con Alfredo Landa) no tiene más, porque de dónde no hay, no se puede sacar. Sería absurdo que os contase más porque perderíamos el tiempo vosotros y yo. Sólo deciros que si decidís verla, es bajo vuestra propia responsabilidad.

El caso es que este tema es más normal de lo que parece. ¿Cuántos padres siente el síndrome del nido vació cuando sus hijos se van? Es curioso porque cuando eres joven te casas o te juntas deseando vivir  los dos solos, sin que nadie moleste, postergando tener hijos para disfrutar la vida en pareja. Y cuando los hijos se van, vivir sólo con el otro  da miedo. Sinceramente, ¡el ser humano es tonto! La costumbre nos hace no pensar. Hacemos las cosas porque actuamos todos los días igual: te levantas, desayunas, te arreglas, etc... y cuando algo se sale de la rutina y los planes empiezan a tambalearse, una fuerza interior empieza a luchar contra ti: "nooo. Primero tienes que hacer esto porque sino luego no podrás, y eso te impedirá arreglarte antes y salir a la calle a la hora que habías planeado y....". Es como tener a Manu Chao en tu cabeza repitiendo una y otra vez la letra de sus aburridas canciones.

Mis padres dentro de poco se van a quedar solos en casa. Mi hermano y yo abandonaremos el nido, casi al mismo tiempo. Sé que debe ser duro, aunque mi madre me mande señales para confundirme: "ayy mi niña, cuánto la voy a echar de menos, por cierto, ¿cuándo te vas a llevar esas cajas?". Así es mi familia, clara y concisa.

No sé cómo lo acabarán llevando mis padres, pero espero que, ahora que la casa vuelve a ser suya, encuentren aquello que les unió hace tantos años. Todas las parejas deberían tener su momento para recordar el dulce pasado, cuando eran jóvenes.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Y que cumpla muchos más...

El rosa de pelo verde y cadenas era mi favorito
Cuando era pequeña vi "Bola de Dragón", "Oliver y Benji", "El Equipo A" y muchas series más porque mi hermano el mediano las veía. Con el mayor, Javier, me separan 16 años y he aprendido muchas cosas de él, pero con el mediano sólo 5 así que casi todo lo hacía con él. Jugaba con él a los castillos, los soldaditos y los muñecos de "Los Caballeros del Zodiaco". A él era a quién le daba la plasta para que me ayudara con los deberes del colegio. Él soportaba mis enfados y pataletas ya que siempre ha sido el más paciente de los tres. Dormíamos en la misma habitación y siempre, antes de acostarnos, leíamos unos tebeos que mi tío coleccionaba comprando el ABC: Mortadelo y Filemón, El Capitán Trueno o Zipi y Zape.  Él nos llevaba a mi amiga y a mi al colegio y aguantaba nuestras niñerías. 

Él siempre ha sido mi hermano, amigo y, ahora, vecino de descansillo. Toda una vida juntos. Los recuerdos que tengo y los que me quedan por vivir, no tienen precio.

¡Muchas felicidades David!



 

lunes, 7 de mayo de 2012

Ansiedad...


Ansiedad, esa sensación que te bloquea la mente y, acto seguido, el cuerpo entero. Dejas de pensar para pasar a sentir miedo. Un miedo irracional, sin sentido alguno y que nunca antes has padecido. No son nervios, ni si quiera pánico, es miedo ante algo que no se conoce, de lo que nadie te ha hablado, algo que tienes que experimentar por ti mismo y para lo que no tienes respuesta. No puedes bordearlo, es más grande que tu y te acabará atrapando. Lo ves llegar esperando tener un poco más de tiempo, pero no lo hay. Y cuando llega no sabes qué hacer, qué decir. Y allí estás tú, sentado en una silla viendo cómo se aproxima. Está tan cerca que puedes sentir cómo te vacía por dentro hasta que no sabes ni quién fuiste ni quién eres y ya no recuerdas con quién soñaste ser. El futuro no es mañana, es ayer, y si no te das cuenta, pasa y te destruye.