domingo, 12 de septiembre de 2010

MADRID, NUESTRO "AGUJERO-HOGAR"


Calle Sagasta, en la Glorieta de Bilbao

Madrid se rompe. Un día, el suelo se abrirá y sus habitantes caeremos...al suburbano, nuestro segundo hogar. Al principio nos asustaremos y montaremos en cólera pensando que esto se tenía que haber solucionado antes. Desde el nuevo agujero, formaremos una marcha camino del Ayuntamiento (seguro que su esplendor continúa, incluso destruido). Un par de días de manifestación y, a la semana siguiente, Madrid volverá a su sino: las obras que no acaban. Nuevos planos, proyectos, grúas....Treinta años después, Madrid, (incluida en la lista de las ciudades que nunca duermen junto a Nueva York, Shangai...) relucirá otra vez. Nos habremos olvidado de la caída, porque el renacer a una nueva época será mejor.

Fuente de Neptuno

Madrid tendrá dos pisos: el agujero, donde viviremos y los ciudadanos comenzarán sus vidas, con sus calle llenas de tiendas, bares, cines...y la azotea, donde hubo otra vida que ya no se recordará, cuando los madrileños exprimíamos al máximo la ciudad. El cielo quedará un poco más lejos, pero dará igual, la vida continúa para nosotros.

Para celebrarlo organizaremos una gran fiesta en la ciudad. No se llamará la "Noche en blanco", pero ya inventaremos un nombre que no se entienda y no tenga nada que ver. Distintas actividades por todo nuestro "agujero" lo llenaran de luz y color (seguro que lo logramos). Pegarnos entre nosotros con pelotas de playas es una opción. Pobre del pringado que le pille en medio, pero así son nuestros organizadores de festejos: valientes, atrevidos, innovadores...

Plaza del 2 de Mayo

Todo será gratis, menos salir al exterior, eso conlleva un precio muy alto (lo importante es preservar que el ciudadano recuerde que tuvo otra vida, allá arriba). Si todo es gratis, tendremos a la muchedumbre controlada, organizada, para que no piense, sólo formando inmensas colas en lugares que nunca más visitarán...todo controlado. Habrá algún listillo que intente salirse de la norma e innovar, buscando metas nuevas...para eso, llenaremos la ciudad de luces, que llamen la atención y que despisten.


A la mañana siguiente, nuestro "agujero-nuevo hogar", volverá a ser gris y oscuro, pero nos habremos acostumbrado a él. Ya no recordaremos la otra época, cuando los edificios brillaban, cuando nuestra arquitectura era sofisticada y los turistas ahorraban para venir a Madrid, a la capital. Habremos olvidado lo que es pasear por calles y chulear ante nuestro acompañante de que "conocemos esta ciudad como la palma de mi mano" y aparecer en una calle en la que nunca habías estado. Descubrir esa noche que no duerme y ese día que parece tener más horas de las normales. En definitiva, olvidaremos que Madrid no necesita fiestas que la hagan resplandecer. Madrid, por si sola, es única.

Gran Vía
Fotos: Canon Eos 450 D

ROCÍO CAMPOS

miércoles, 1 de septiembre de 2010

EL CAMPO DEL MORO, UN JARDÍN DE PALACIO

Un rincón en la ciudad...

Nunca conoces una ciudad, por muchas veces que la recorras. Siempre acabas descubriendo algún sitio nuevo. Lugares que no conocías o por los que has pasado delante tantas veces que siempre has querido entrar, pero el ajetreo diario que llevamos nos lo impide. Para eso, las vacaciones son el mejor momento. Apuntar en una lista todos esos sitios que queremos visitar y aprovechar los momentos de ocio o vacaciones para verlos es una actividad muy sana y a la vez reconfortante.

Varias veces, mi acompañante de viaje y yo, habíamos pasado por delante del “Campo del Moro”, uno de los jardines del Palacio Real de Madrid. Cerca de la estación de Principe Pío. Desde fuera no se puede observar en su plenitud y si se quiere ver hay que ir por la mañana o por la tarde temprano. En verano cierra a las 20:00 y en invierno sobre las 18:00. El atardecer es un buen momento para pasear por los numerosos paseos que tiene (más de diez) y aunque no se puede acceder por ningún lado al palacio, la imaginación de otra época vuela a cada paso que se da.

El Chalecito de la Reina

Desde la entrada, la imagen que se ve se asemeja a esos infinitos jardines de La Granja de San Ildefonso de Segovia o los de Versalles. Emplazamientos donde los monarcas de siglos pasados paseaban sus romances o planeaban sus intrigas. Lugares con mil historias que contar y algunas que nunca sabremos. Imagino que por la época de los reyes y príncipes, los animales vagaban a sus anchas a lo largo del jardín. Pues bien, eso sigue ocurriendo. Patos, cisnes y más fauna pasea por los caminos junto al visitante, sin inmutarse. Eso sí, cuidado con alguna mamá cuidando de sus “pezqueñines”, mejor no arrimarse.

Paseando por cada camino, el visitante siente que ha pasado mucho tiempo, pero que en el fondo, no diferencia mucho una época de otra. Bueno, exceptuando los ruidos de los coches que proceden del exterior. Para eso, el Retiro de Madrid siempre será único. Allí dentro, la vida de fuera no se oye. Pero volviendo al Campo del Moro, sólo se puede decir que no hay mejor manera de acabar una tarde que paseando entre la naturaleza. El único reproche, es que algunas partes podrían tenerlas mejor cuidadas, pero como se suele decir: “Las cosas de Palacio, van despacio”.


Fotos: Canon Eos 450 D

ROCÍO CAMPOS