domingo, 25 de julio de 2010

UN CASTILLO CON MUCHO MÁS QUE OFRECER



Llamada por mi espíritu aventurero y alentada por un artículo del periódico “El Mundo” del domingo 18 de julio sobre las visitas teatralizadas que se estaban realizando en el castillo de Manzanares del Real, nos acercamos mi novio y yo a descubrir la historia de una fortaleza más de nuestra geografía española.

El castillo-palacio de los Mendoza, es una fortaleza remodelada (se nota en todas sus estancias) que empezó a construirse en 1475. La visita que ha organizado la dirección general de Turismo de Madrid, es corta, cara y, en ocasiones, sosa. No obstante, se puede contemplar una de las múltiples bellezas arquitectónicas que guarda nuestra comunidad.

Hay dos grupos para concertar la visita, siempre con cita previa: a las 21:30 y a las 22:30, viernes y sábados. Antes del paseo por el castillo, se puede contemplar el centro de interpretación. Después, se pasa al patio central y un malabarista, con juegos de manos y trucos muy comunes, deleita a las 30 personas, más o menos, que llenan un grupo de visita. Finalizado el monótono espectáculo, se accede al vestíbulo del palacio, cuyas paredes están cubiertas de tapices de la serie de “Julio César”, como la mayoría de los que se encuentran por todo el palacio. Dos actores, que se hacen llamar Don Pedro de Zúñiga y Salcedo y Doña Isabel Asensio, amenizan la velada con explicaciones de la historia del castillo y la zona en la que se encuentra, mezclándolo con ironías de guerras de sexos y secretos.

El recorrido incluye pasar por salas como el patio porticado, el zaguán, la sala Santillana, la sala del Infantado, el estrado de las Damas (desde donde se pueden ver unas magníficas vistas del embalse de Manzanares), la alcoba y el oratorio o galería de Juan Guas. A continuación, los visitantes pudimos recorrer las torres del castillo y usar, al fin, la cámara de fotos para poder retratar el paisaje. Y todo esto por el precio de 6 euros. Bastante caro si pensamos que la visita es corta y aburrida en algunos momentos. Entiendo que los monumentos necesiten su conservación y restauración, pero creo que todo tiene que tener una equivalencia.

Obviando a los actores y la parafernalia, lo inolvidable de todo esto es pensar en todos los hechos, personas, acontecimientos que han pasado por ese castillo y que forman parte de la historia de nuestro país. El peso de tantos años es una atmósfera que envuelve cada estancia y que se materializa cuando subes a las torres y observas el paisaje. La percepción de dominio de todo lo que se ve no tiene precio y por un momento uno tiene la sensación de sentirse dueño y señor de un castillo.

Fotos: Canon Eos 450D

ROCÍO CAMPOS

domingo, 11 de julio de 2010

CUENCA, UNA CIUDAD CON ENCANTO

El interior más escondido...


En un lugar de la Mancha…descubrí un lugar pequeño, pero con unos alrededores inmensos en belleza. Este pequeño enclave es Cuenca y por mucho que la gente diga que se ve en un día, yo recomiendo que paséis un fin de semana en ella.

Me había prometido que antes de acabar el año tenía que conocer esta ciudad y dicho y hecho. Aparcando en el Parador de Turismo, el antiguo convento de San Pablo, y cruzando a píe el puente que lleva el mismo nombre, se puede ver la primera de las visitas que tiene la ciudad. Las Casas Colgadas son de origen medieval (s. XIV) realizadas cuando Cuenca adquiere su apogeo económico. Utilizando sólo materiales como el yeso y la madera, parece mentira que se mantengan en pie después de tanto tiempo y que ni las condiciones climatológicas las hayan hecho caer. Aunque la verdad sea dicha, tiene que dar un poco de vértigo asomarse a sus balcones.


Seguimos nuestro paseo y llegamos hasta la Plaza Mayor, alargada en vez de cuadrada. Un signo más de lo diferente que es este lugar del resto de España. Allí también encontramos la Catedral. Su portada, tan blanca y limpia, parece que hubiese sido construida hace poco, pero el libro que nos sirve de guía turística (siempre es recomendable llevar uno) nos indica que aunque su recomposición fue realizada en 1902, su primera piedra se colocó a principios del siglo XII. A la vez, la falta de unas torres y el vació que se siente al mirar entre los huecos, da la sensación de que detrás no hubiera nada, pero todo lo contrario: el interior es extraordinario y, además, lo tienen muy bien aprovechado porque a la entrada, previo pago 2 euros, te dan un papel con las distintas partes de la catedral y un auricular para que vayas escuchando todo el recorrido.

Subimos por la calle de San Pedro y la iglesia con ese mismo nombre nos recibe ya cerca de los restos de la muralla del antiguo castillo. Es un lugar pequeño, pero lo mejor es subir a su torre, aunque si se tiene un poco de vértigo tened cuidado porque el sitio es muy estrecho, pero las vistas de la ciudad merecen la pena.

Parada para comer. Si llegáis hasta la muralla y tenéis ganas de caminar un poco más cuesta arriba, encontraréis un sitio que se llama “Mesón El Caserío” (C/ Larga 25). Recomendado al cien por cien. Buenas raciones y comida de calidad.


Salimos de Cuenca ciudad para admirar sus alrededores. Cierto es que la ciudad es pequeña, pero no se puede venir a Cuenca y no pasear por lugares tan bonitos como “La Ciudad Encantada” o ver el nacimiento del Río Cuervo. Vayamos por partes.

“La Ciudad Encantada” es un paraje verde en el que se pueden admirar la forma que han dejado los fenómenos meteorológicos en las piedras. Una cabeza de hombre, un perro, la lucha entre un cocodrilo y un elefante…Un lugar ideal para pasear, hablar y ver cómo la naturaleza siempre será una gran desconocida para el hombre. Algunas formas en las piedras hay que imaginárselas, todo sea dicho, pero otras no hay ni que leer el cartel para saber lo que son. Un lugar maravilloso que no hay que perderse.

Por otra parte, el nacimiento del Río Cuervo es otro de los secretos mejor guardados de esta pequeña comarca. El agua que emana de las piedras es completamente pura, hasta ganas dan de beberla. Paseando al lado del río, se siente una paz que no se experimenta en la ciudad. Aquí todo es tranquilo, no existen las prisas, todo está quieto y sólo el fluir del agua interrumpe una paz para llenar el ambiente de vida.


Viajar a Cuenca es una experiencia que no se puede describir a la perfección. Cada viajero vive su viaje de una forma y los sentimientos que percibe son sólo suyos. Pero Cuenca es un lugar mágico que imprime en el aventurero unos momentos inolvidables, donde descubre unos lugares que nunca pensó que el interior de España guardase tan bien. Hay ciudades donde tus pies te vuelven a llevar porque que dejan una huella tan profunda que el alma necesita volver.

Dos recomendaciones más: alojarse en el hotel “Alfonso VIII”, enfrente del Parque San Julian.

Un sitio más para comer: cerca del nacimiento del Río Cuervo, en Vega del Codorno, hay unas casitas con un restaurante que se llama “Cabañas El Sabinar” (969 283 209-02), donde se puede comer venado o jabalí que están para chuparse los dedos.

Fuente: Guía turística de Cuenca "Giarama".

Fotos: Canon Eos 450D

ROCÍO CAMPOS