jueves, 30 de diciembre de 2010

CIUDAD RODRIGO, UN LUGAR DE PASO


Ayuntamiento

Describir Ciudad Rodrigo (Salamanca) lleva poco tiempo. El mismo casi que se tarda en recorrer todo su casco histórico. Dos o tres cosas son las que se pueden visitar. Lo demás solo se ve desde fuera al ser palacios de propiedad privada.

No es un destino que se suele elegir para disfrutar de unas vacaciones, sino más bien un lugar de paso. Y no porque no sea interesante. Seguramente tenga más edificios artísticos y nobiliarios que casas particulares dentro de su casco histórico. Pero los horarios turísticos (casi todos por la mañana), así como el precio de algunas de sus visitas (3 euros cuesta ver la catedral, más que otras más importantes), resultan un poco chocante para el visitante.

Desde luego, si se quiere pernoctar en este pequeño enclave, lo mejor es hospedarse en el Parador. Puede resultar un poco cara la noche, pero se paga calidad y atención. Además de dormir en un lugar histórico con todas las comodidades. Y a la mañana siguiente…uno de los mejores desayunos que he probado.

Corto recorrido, pero obligado, ayudado por otro descubrimiento del viaje. La nueva “Guía Spiral” que ha publicado la editorial El País Aguilar este año 2010 que acaba. En este caso es la de Salamanca donde incluyen un buen aporte de Ciudad Rodrigo: historia de la ciudad, de los monumentos, recorridos y buenas recomendaciones para comer, cosa que otras guías no suelen hacer.

Catedral: portada meridional o de las Cadenas

Empezamos nuestro camino visitando el ayuntamiento, de mediados del siglo XVI. En esa misma plaza y alrededores, hay cuatro palacios y dos casas nobles, hoy convertido todo eso en tienda de recuerdos, Casa de la Cultura, sede de Correos…algunos visitables, solo en parte y otros, evidentemente, no.

La Catedral (declarada Monumento Nacional en 1889), destaca por dos portadas: la portada meridional o de las Cadenas, con una galería de doce arcos apuntados que acogen esculturas góticas, realizadas en torno a 1230 y el Pórtico del Perdón o de la Gloria, con la representación de la Virgen María, de mediados del s. XIII. Una obra escultórica que merece la pena ver y que es lo que más se recuerda de la ciudad.

Catedral: pórtico del Perdón o de la Gloria

Si se quiere disfrutar de una buena comida, hay que ir al “Mesón La Paloma” y comer el revuelto de huevos con farinato, comida típica del lugar. El farinato es un embutido que se elabora con manteca de cerdo, miga de pan, pimentón y especias. Está buenísimo y, además, en el restaurante te recomiendan qué comer, cuánta cantidad preparan (si es para una o dos personas) y la atención es muy buena.

Una calle de Ciudad Rodrigo

Por la tarde, lo mejor que se puede hacer es pasear. Se puede hacer por algunas partes de su muralla, pero recorrerla entera es imposible. Hay zonas que están mal cuidadas y, si llueve, los charcos que se forman son difíciles de sobrepasar. Y por la noche, tienen muy poca iluminación por no decir que hay zonas totalmente oscuras. Lo mejor es verla por la mañana, como casi todo en este pequeño pueblo.

Fotos: Canon Eos 450D

ROCÍO CAMPOS


sábado, 11 de diciembre de 2010

RETRATO DE PEQUEÑOS INSTANTES

En algún lugar de Embajadores (Madrid)


Andar por la calle no es simplemente dar pasos hacia un destino (a veces, incluso, sin rumbo). Caminar implica observar, estar atento a cada espacio, escaparte, personas…Normalmente vamos imbuidos en nuestros pensamientos, pensando en llegar al trabajo, a casa, a la boca del metro…y pasamos por alto mil cosas, pequeños elementos que a veces nos traen recuerdos. Cuando esto ocurre, sientes que tus pies se paran (sin tú darles la orden) y somos capaces de escuchar sonidos olvidados, de ver luces en algún lugar de nuestra mente que nos representan escenas de otro tiempo.

Una cámara de fotos, andar, un lugar…hay que estar preparado para cada mínimo detalle. Ser conscientes que el escenario que nos rodea es único y aquello que nos pone en funcionamiento la mente, las ideas, los recuerdos…nos mantiene vivos.

Cámara: Iphone 4

ROCÍO CAMPOS

miércoles, 8 de diciembre de 2010

COSAS QUE TIENE LA NAVIDAD


Plaza Mayor (Madrid)

La Navidad comienza con un día nublado, con el cielo blanco y con pronóstico de nieve. Siempre ocurre a finales de noviembre o principios de diciembre. Continúa el día 22, con los niños de San Ildefonso cantando el Gordo de la Lotería. Y se consolida la noche de Nochebuena, cuando no hay nadie en las calles e imaginas todas las reuniones familiares al otro lado de las puertas de tus vecinos. Ese día todo empieza a ir demasiado rápido. Aunque, últimamente, la Navidad comienza antes de lo que debe.

La época del consumismo, de los grandes almacenes y las compras, llegó a nuestras vidas casi sin darnos cuenta. Un día despertamos y, como robots, no nos alteró encontrar turrón en el supermercado a mediados de noviembre o las luces decorando los establecimientos por las mismas fechas. Empezamos a convivir con ello como algo normal, como hacemos con todo.

Interior del árbol de Navidad de la Puerta del Sol

De pequeños, todo era más fácil. Ibas de un lado a otro con toda tu familia, tenías vacaciones en el colegio (seguramente una de las mejores cosas de la Navidad) y esperabas ansioso la Noche de Reyes para ver si habías sido bueno o no ese año (aunque en el fondo ya sabías el veredicto). Pero una vez que creces, tu perspectiva cambia. Tus ideales también y la fiesta, ¡tu fiesta!, se ha convertido en algo (la han convertido) que nunca llegaste a imaginar. Demasiada gente, demasiadas luces, demasiado consumismo, demasiado agobio.

Puerta del Sol (Madrid)

Pero un día, encienden las luces de Navidad (este año las más cutres, todo hay que decirlo) y vuelves a sentir esa pequeña llama de la infancia en tu interior. Ese calor que nace en pocos momentos, pero que te hace recordar ciertas escenas de tu infancia guardadas en un rinconcito, en alguna parte de tu cuerpo. Y los pelos se te ponen de punta y sin saber por qué, te acuerdas de ciertos anuncios antiguos, o de Ramón García dando las uvas, o de lo mejor que ha tenido la Navidad…Martes y Trece…Son cosas que tiene la Navidad….

Fotos: Canon Eos 450D

ROCÍO CAMPOS

jueves, 4 de noviembre de 2010

EL CAPRICHO DE OTOÑO


Entrada al parque de "El Capricho"

Insisto. Hay que aprovechar los pocos días buenos que nos quedan de otoño. Según la mujer del tiempo, mañana domingo se acabó lo que se daba: vuelven a bajar las temperaturas, las nubes, las lluvias…

El pasado domingo, amaneció con el sol luchando por asomarse entre la multitud de nubes. Yo sabía que lo conseguiría, así que me puse la cámara de fotos al cuello y me fui directa a un parque de Madrid que todavía no conocía: El Capricho.

Lago dentro del complejo del parque

En el Paseo de la Alameda de Osuna se esconde un pequeño remanso de paz. Fuera se oye el ruido de los coches al pasar por la carretera. Dentro, sólo silencio, interrumpido por los pájaros que viven en sus inmensos árboles. Creado en 1784 por los Duques de Osuna y utilizado durante la Guerra Civil como Cuartel General del Ejército del Centro (existe un búnker que da fe de este dato), pasear por sus distintos paseos es como andar por los jardines de palacios como el de Aranjuez o el de Segovia, aunque en menor medida. Cada zona del jardín es distinta, como si caminases por distintos parques a la vez.

En su interior se escoden diferentes edificios con un significado determinado. Lo mejor de todo es que el parque tiene mapas localizados en varios puntos del recorrido para que en todo momento sepas dónde estás y lo que te queda por visitar. De esta forma, olvidas que te puedes perder algo y disfrutar del paseo.

Casa de la vieja

La casa de la vieja es una construcción de 1792 que se asemeja a una casa que había cuando los Duques compraron el terreno. Eso sí, remodelada. Uno de los muchos caprichos de la Duquesa. Similar a este estilo, poco señorial y rural, encontramos la Ermita. Pequeña, escondida entre árboles y flores, que da la sensación de estar ante una pequeña iglesia, con sus monjes dentro, orando.

El casino de baile

El casino de baile es la demostración más palpable de los caprichos de la Duquesa. A la muerte de su marido y llegada desde Cádiz tras la retirada de los franceses, la Duquesa decidió que el salón de baile que había en el palacio (dentro del complejo del parque) era insuficiente, por lo que encargó que construyeran este edificio para sus fiestas. Pero no en una localización cualquiera. Se concibió encima del pozo que alimenta la ría del parque, para que sus invitados pudieran desplazarse en barca. ¿Es o no es como trasladarse a la época del Romanticismo? A lo largo de paseo, se experimenta la sensación de que, en cualquier momento, un grupo de invitados de la duquesa aparecerá ante ti, con sus trajes, sombreros y paraguas (como el de Mary Poppins).

Exedra

La Exedra es una pequeña plaza con columnas, estatuas y figuras de leones a la que se llega tras recorrer gran parte del parque y observar, no sin sorprenderse, de que estos pequeños tesoros se puedan encontrar tan escondidos en la capital y sin promocionarse. Por un camino largo, al fondo, se puede ver el Palacio, modesto, sencillo, con un jardín-laberinto a su lado.

Jardín-Laberinto

Todos los edificios que pertenecen al parque están cerrados. Puede que en su interior no quede nada, o puede que sí. Lo que pasa es que es mejor mantenerlos cerrados y que el Estado, algún Ministerio o Patrimonio, no gasten dinero en mantener un parque como El Capricho abierto a todos de una forma más amplia. Si se pudiese ver el interior de sus edificaciones, el público podría conocer más sobre la historia y las costumbres de estos personajes, pero Dios sabe cómo estarán estas propiedades por dentro. Cerradas, el público, aunque imagine lo que pueda haber dentro, no lo sabe. Y así es mucho mejor, pensarán algunos.

Salvando pequeñas quejas como la anterior, pasear por “El Capricho” es olvidarte de todo. Te evades aunque sea paseando, haciendo fotos, charlando con una agradable compañía…sientes que todo es menos difícil, más sencillo y que la vida sigue, venga lo que venga.

Y hasta aquí duró mi paseo. Minutos después de salir, empezó a llover. Es lo que tiene el otoño: unas veces gana el sol y otras, las nubes.

Fotos: Canon Eos 450 D.

Información: paneles informativos dentro del parque.

ROCÍO CAMPOS

martes, 26 de octubre de 2010

UN CINE MÁS QUE DESAPARECE


Fachada del Cine Tívoli, cerca de la calle Alcalá (Madrid)

Llevo tres meses pasando por delante de las obras de un edificio. Estaban tapadas por la típica cortinilla verde, por lo que deduje que era una remodelación del bloque. Ayer descubrí, y tengo que decir que casi me quedo con los pies pegados al suelo, que en realidad el edificio al que nunca había mirado detenidamente era lo poco que quedaba de un cine, concretamente el “Cine Tívoli”.

Siento una pequeña devoción, debilidad, curiosidad, por los cines que todavía no se han derribado aunque cerraran hace años. Lo que habrá al otro lado de la puerta siempre me ha intrigado: cómo habrá sido por dentro, qué material quedará en su interior, tendría un puesto con palomitas…mi mente vuela sola ante la puerta cerrada de un cine antiguo.

Cine Tívoli (si se observa bien, se ve el interior del cine vacío, incluso se ve un poco de luz que demuestra que su techo y sus paredes han desaparecido)

El “Cine Tívoli” abrió sus puertas el 31 de octubre de 1930 (sí, dentro de pocos días hará 80 años de su nacimiento). Por los documentos que he podido encontrar, su cierre fue hace cinco años, aunque intuyo que fue algunos años más. El periódico El Heraldo anunció a tres columnas su inauguración. La primera película con la que los proyectores se pusieron en marcha fue “La isla de los barcos perdidos” (1929).

Recorte del periódico El Heraldo (30/10/1930)

Hoy, si pasáis por delante de ese edificio, sólo veréis las letras. El interior está vació. No hay nada: ni tejado, ni asientos, ni suelo, ni paredes. Sólo la fachada con el nombre. ¿Qué puede hacer sentir más vacío interior a una persona que el propio vacío? El edificio se convertirá en 24 viviendas de lujo, un local comercial y un garaje robotizado de 58 plazas.

No puedo dejar de imaginarme las miles de personas que pasaron por esa puerta: los niños que habrán llegado emocionados al cine a ver a sus héroes en la pantalla; las parejas que se citaron en la puerta: él fumando un cigarrillo mientras miraba ansioso el reloj pensando si ella aparecería (antes no había móviles, y lo bonito de la vida era la aventura); los ancianos que para terminar una agradable tarde de paseo por el Retiro, decidieron ver a Humphrey Bogart decir aquello de “siempre nos quedará París”. Esa sensación de estar en la cabina, poner el rollo de película, apagar las luces y oír el silencio al otro lado de la pared mientras la película da comienzo.

¡Los cines de barrio, los de toda la vida, nunca debieron desaparecer! Son más auténticos. Más cercanos.

Recuerdo que de pequeña, mi madre solía llevarme al "Cine Avenida", a 10 minutos de mi casa, a ver las películas de dibujos. Cuando era adolescente, mis amigos y yo llegábamos a ese mismo cine, y aunque no nos gustara ninguna de las dos películas que echaban, siempre acabábamos dentro. Y recuerdo cuando lo cerraron y con los años lo convirtieron en un Hiper. Ahora, cada vez que paso por allí, me quedo unos segundos mirando la puerta del supermercado, recordando los viejos tiempos. Inevitablemente, una parte de la historia de mi vida se quedó dentro cuando cerraron las puertas por última vez.


Fotos: Móvil Nokia X6

ROCÍO CAMPOS

domingo, 24 de octubre de 2010

HITCHOCK EN GETAFE NEGRO

Un viaje para conocer a un gran director de cine...


“Getafe Negro” rindió ayer, sábado, un homenaje al director Alfred Hitchock. Entre escenas de míticas películas como Psicosis, Con la muerte en los talones o Los Pájaros, los ponentes hablaron de la personalidad del director. Inés París, presidenta de CIMA (Asociación de mujeres cineastas y de los medios audiovisuales); Manuel Martín Cuenca, director de cine; Lorenzo Silva y David Barba, ambos escritores, comentaron la gran maestría con la que Hitchock dotaba a sus obras, y eso que él no escribía los guiones.

Tensión y suspense fueron las palabras más repetidas a la lo largo de la hora y media que duró la charla. Los ponentes comentaron que el cine actual se rige por la sorpresa. Ya no se hacen películas con esa clave de tensión. Ese momento en que el espectador conoce algo que los personajes no saben. Un mínimo detalle que nos mantiene atentos a la pantalla para ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Para lograr esto, el director sabía perfectamente aguantar los planos, los tiempos, los silencios para dotar a la película del ritmo necesario.

Alabaron la gran capacidad del director para hacer una película completa y presentar a los personajes en una hora y media. Lo sabemos todo de ellos a través de sus actos y sus palabras (aunque para Hitchock, los diálogos siempre fueron secundarios) y, sobre todo, a través de su vestimenta. Cómo el personaje de La ventana indiscreta está perfectamente ataviado con el pijama o la elegancia con la que lleva el traje Cary Grant en Con la muerte en los talones.

En un momento de la charla, salió el nombre de Quentin Tarantino. Podría parecer inapropiado, pero las explicaciones de los ponentes lo aclaran. La relación entre estos dos directores está marcada porque ambos cuentan relatos de ficción. Nunca buscan mostrar con sus películas la realidad. Saben que su historia es ficción y como tal se tiene que ver y disfrutar. Hitchock decía que sus películas tenían que producir el mismo placer que cuando te despiertas de una pesadilla. Tienes que darte cuenta que todo se ha acabado y que sólo era un sueño.

El homenaje al director del suspense acabó hablando de los temas que siempre rodean al director: su obsesión por las mujeres, el macguffins, el hecho de aparecer siempre en sus películas. Aquí dejo un enlace de un video que se mostró en la charla en la que se ven los momentos en los que interviene el director en su película. http://www.youtube.com/watch?v=OW6Rdiqlg2E

Si creéis que viendo una sola vez las películas de Alfred Hitchock es suficiente para admirar su arte, estáis equivocados. Cada vez que se visionan, se descubren cosas nuevas.

ROCÍO CAMPOS

domingo, 17 de octubre de 2010

AMOR A PRIMERA VISTA


Puesto con libros

Otoño es una época del año fría, pero llena de color. El poco sol que algunas veces se deja ver, ilumina con más fuerza que en verano. Al menos su luz es distinta. Por eso, los pocos días que no llueve, se deben aprovechar.

A mediados de octubre, la Feria del Libro monta en Getafe sus puestos, coincidiendo en los últimos años con el Festival de Getafe en Negro. Su tercera temporada ya ha comenzado y del 18 al 25 de octubre las calles se llenarán de curiosos compradores, futuros investigadores y escritores importantes.

Distintos visitantes en la Feria del Libro

Cada año, la Feria del Libro Antiguo en Getafe consigue que la gente se acerque, un poco, a la literatura. Pasean, ojean los libros y si les convencen, acaban comprando. Aunque tengo la ligera creencia que los libros infantiles son los que más se compran. Los niños siempre consiguen llevar un libro a casa. La pena es que con la edad los abandonen.

Librero en su puesto de libros

Pero no sólo una buena portada, sinopsis o ilustración consigue que adquiramos un libro. El librero es uno de los mejores profesionales en su sector. Al fin y al cabo, un negocio es un negocio y aunque los e-book estén llegando al mercado de forma sigilosa, el libro, ese objeto romántico, cargado de historia y de valor, sobrevive. Ellos lo saben bien. Puede que para los jóvenes dependientes, sólo sea un trabajo. Pero para los libreros de toda la vida, aquellos que han vivido entre libros y que saben cuándo uno es bueno o malo con sólo mirarlo y tocarlo, es una forma de vida.

Librero en su puesto de libros

Cuando un cliente se acerca al puesto, le deja pasear, que pase la mirada por cada libro, cada portada. Que se interese por alguno, que lo coja, que mueva las hojas. El librero mira, sin mirar, al cliente. Anda, con pasos cortos, por detrás del mostrador y acude en el momento exacto. El buen librero nunca agobia, no anima a comprar un libro. Sabe que si el cliente se ha prendado de uno de los miles que hay, lo va a comprar. Su misión consiste en animar al lector a que viva esa aventura con paciencia. No siempre la elección es la correcta, sólo hay que saber saborear cada página, cada palabra.

Un libro infantil que se transforma en barco

Pasear entre las casetas llena ese lugar de un aire distinto. Podría decir que es “bohemio”, pero creo que eso se quedó en el siglo XIX. Uno se olvida de lo que tenía que hacer. Pasa por delante de un puesto y su paso disminuye hasta detenerse. No es una percepción. Es un hecho. Y si no, hagan la prueba. Con sólo diez minutos son suficientes para hacer una investigación de campo. Pero lo mejor de todo esto es comprobar que la pasión hacia la literatura todavía existe. Por muchas encuestas y datos que se publiquen a lo largo del año, no hay mejor manera para conocer cuánto lee la gente que pasarse por una feria del libro. Esa paciencia con la que observan, con la que estudian la posibilidad de comprar. Ese “amor a primera” vista ni siquiera se vive con una persona. Sólo se puede experimentar entre libro y lector.

Fotos: Canon Eos 450 D

ROCÍO CAMPOS

jueves, 7 de octubre de 2010

LA MÁGICA LISBOA

Cómo viajar y descubrir sensaciones nuevas...

Castelo de S. Jorge

Lisboa no es la capital más bonita de Europa, ni la más organizada, moderna o limpia…pero quizás es una de las más mágicas. Entre el cielo y el suelo, Lisboa tiene un doble techo lleno de cables, los del tranvía. Una seña de identidad y la forma de moverse por una ciudad bohemia y con pocas ganas de cambiar.

Como si de un plato hondo se tratara, Lisboa está dividida en dos partes: una antigua y otra moderna. En el fondo, está todo el centro, con sus tiendas nuevas y de marca, la estación de tren, y algún que otro monumento. En el borde dos de los barrios más originales y visitados: el barrio alto y la Alfama. De noche puede que no desprendan la seguridad del centro, pero nadie puede negar que las luces, las cuestas, y el ruido del tranvía de fondo, hacen de esta ciudad una de la más antiguas de Europa.

Contraste del barrio antiguo y el moderno

A veces es recomendable ir a la Oficina de Turismo, a veces no. Tanto en Lisboa, como en Sintra y Estoril, los trabajadores decidieron que no iban a vender la ciudad al extranjero. Así que con un mapa en la mano y con la poca explicación que habíamos conseguido extraer, fuimos andando hasta donde nuestros pies nos llevaran.

El primer día nos fuimos hacia el “Castelo de S. Jorge”, en el barrio de Alfama. Lo mejor, sin lugar a duda, las vistas de la ciudad. Dos contrastes, lo antiguo y lo moderno. Y una recomendación: andar por sus calles, extraer las mejores fotos (que no es difícil) y ver atardecer en “Restô do Chapitô”, un centro cultural que a la vez es restaurante y desde donde se observa como el sol se esconde detrás de la ciudad. Una buena recomendación de una conocida. No perderse tampoco la "Sé de Lisboa", su catedral.

Monasterio de los Jerónimos

El segundo día tomamos uno de los famosos tranvías (pero este era moderno) que nos llevó hasta el barrio de Belém. Lo mejor para ir allí es comprar la “Lisboa Card”. Por solo 17 euros/persona puedes ver todos los monumentos que quieras y montar en los medios de transporte. ¡Ojo! Sólo dura 24 horas, pero se rentabiliza. Allí se puede visitar el “Monasterio de los Jerónimos”, clasificado como Patrimonio Mundial. Es bonito, pero masificado. Por lo menos el día que nosotros fuimos. Y, seguramente, es lo que mejor tienen conservado.

Calle arriba se llega a los otros dos monumentos turísticos: la “Torre de Belém” y el “Monumento a los Descubrimientos”. Pero lo mejor estaba por descubrir y no viene en la guía: el “Palacio de Ajuda”. Por fuera parece un lugar destruido y sin gran cosa que ofrecer, pero por dentro es una maravilla. Tiene todas las salas (que son bastantes) decoradas con muchos elementos de la época. Se empezó a construir alrededor de 1800 y hoy en día es un museo histórico. Merece la pena porque es uno de los tesoros escondidos de Lisboa. Y no es tan caro como otros monumentos que no valen lo que cuestan. ¡Ah! Y no podéis olvidaros de comer los famosos “pasteles de Belém”.

Palacio de Ajuda

Por la noche, hay que montarse en el tranvía típico que te sube al barrio alto, el “Elevador de la Gloria”, pero si se quiere subir sin tomar el tranvía y sin pagar nada, existe un truco que todo turista debe conocer: cerca del “Elevador de Santa Justa”, hay una parada de metro ( Baixa-Chiado) que cruza del centro al barrio alto sin subir en tranvía ni pagar metro. Solo hay que bajar y subir unas cuantas escaleras mecánicas. Toda esa zona está reservada para la noche. Bares y restaurantes animan las elevadas calles para disfrutar de la ciudad.

Y el último día se aprovecha para visitar lugares cercanos que merecen ser vistos. En nuestro caso fue el único día que nos hizo mal tiempo por lo que no pudimos disfrutar de Sintra y su “Palácio Nacional da Pena”. En realidad lo único que vimos fue niebla. Pero bueno, ese es un motivo para volver a Lisboa. Recomendación: Sintra tiene un restaurante con una estrella Michelín en el que se come de vicio: "Cantinho de S.Pedro".

Tranvía por Lisboa

Cuando uno llega a Lisboa, piensa en lo bonita que tiene que ser, en todo lo que se puede aprender. Al pasear, puede que el desanimo nos invada por esperar algo más. Pero al marcharte, ya no puedes desprenderte de la sensación de magia que te acompañará siempre que pienses en sus calles. Como dice una canción: “Si tu magia ya no me hace efecto, cómo voy a continuar”.

Fotos: Canon Eos 450 D/ Iphone 4

ROCÍO CAMPOS

domingo, 12 de septiembre de 2010

MADRID, NUESTRO "AGUJERO-HOGAR"


Calle Sagasta, en la Glorieta de Bilbao

Madrid se rompe. Un día, el suelo se abrirá y sus habitantes caeremos...al suburbano, nuestro segundo hogar. Al principio nos asustaremos y montaremos en cólera pensando que esto se tenía que haber solucionado antes. Desde el nuevo agujero, formaremos una marcha camino del Ayuntamiento (seguro que su esplendor continúa, incluso destruido). Un par de días de manifestación y, a la semana siguiente, Madrid volverá a su sino: las obras que no acaban. Nuevos planos, proyectos, grúas....Treinta años después, Madrid, (incluida en la lista de las ciudades que nunca duermen junto a Nueva York, Shangai...) relucirá otra vez. Nos habremos olvidado de la caída, porque el renacer a una nueva época será mejor.

Fuente de Neptuno

Madrid tendrá dos pisos: el agujero, donde viviremos y los ciudadanos comenzarán sus vidas, con sus calle llenas de tiendas, bares, cines...y la azotea, donde hubo otra vida que ya no se recordará, cuando los madrileños exprimíamos al máximo la ciudad. El cielo quedará un poco más lejos, pero dará igual, la vida continúa para nosotros.

Para celebrarlo organizaremos una gran fiesta en la ciudad. No se llamará la "Noche en blanco", pero ya inventaremos un nombre que no se entienda y no tenga nada que ver. Distintas actividades por todo nuestro "agujero" lo llenaran de luz y color (seguro que lo logramos). Pegarnos entre nosotros con pelotas de playas es una opción. Pobre del pringado que le pille en medio, pero así son nuestros organizadores de festejos: valientes, atrevidos, innovadores...

Plaza del 2 de Mayo

Todo será gratis, menos salir al exterior, eso conlleva un precio muy alto (lo importante es preservar que el ciudadano recuerde que tuvo otra vida, allá arriba). Si todo es gratis, tendremos a la muchedumbre controlada, organizada, para que no piense, sólo formando inmensas colas en lugares que nunca más visitarán...todo controlado. Habrá algún listillo que intente salirse de la norma e innovar, buscando metas nuevas...para eso, llenaremos la ciudad de luces, que llamen la atención y que despisten.


A la mañana siguiente, nuestro "agujero-nuevo hogar", volverá a ser gris y oscuro, pero nos habremos acostumbrado a él. Ya no recordaremos la otra época, cuando los edificios brillaban, cuando nuestra arquitectura era sofisticada y los turistas ahorraban para venir a Madrid, a la capital. Habremos olvidado lo que es pasear por calles y chulear ante nuestro acompañante de que "conocemos esta ciudad como la palma de mi mano" y aparecer en una calle en la que nunca habías estado. Descubrir esa noche que no duerme y ese día que parece tener más horas de las normales. En definitiva, olvidaremos que Madrid no necesita fiestas que la hagan resplandecer. Madrid, por si sola, es única.

Gran Vía
Fotos: Canon Eos 450 D

ROCÍO CAMPOS

miércoles, 1 de septiembre de 2010

EL CAMPO DEL MORO, UN JARDÍN DE PALACIO

Un rincón en la ciudad...

Nunca conoces una ciudad, por muchas veces que la recorras. Siempre acabas descubriendo algún sitio nuevo. Lugares que no conocías o por los que has pasado delante tantas veces que siempre has querido entrar, pero el ajetreo diario que llevamos nos lo impide. Para eso, las vacaciones son el mejor momento. Apuntar en una lista todos esos sitios que queremos visitar y aprovechar los momentos de ocio o vacaciones para verlos es una actividad muy sana y a la vez reconfortante.

Varias veces, mi acompañante de viaje y yo, habíamos pasado por delante del “Campo del Moro”, uno de los jardines del Palacio Real de Madrid. Cerca de la estación de Principe Pío. Desde fuera no se puede observar en su plenitud y si se quiere ver hay que ir por la mañana o por la tarde temprano. En verano cierra a las 20:00 y en invierno sobre las 18:00. El atardecer es un buen momento para pasear por los numerosos paseos que tiene (más de diez) y aunque no se puede acceder por ningún lado al palacio, la imaginación de otra época vuela a cada paso que se da.

El Chalecito de la Reina

Desde la entrada, la imagen que se ve se asemeja a esos infinitos jardines de La Granja de San Ildefonso de Segovia o los de Versalles. Emplazamientos donde los monarcas de siglos pasados paseaban sus romances o planeaban sus intrigas. Lugares con mil historias que contar y algunas que nunca sabremos. Imagino que por la época de los reyes y príncipes, los animales vagaban a sus anchas a lo largo del jardín. Pues bien, eso sigue ocurriendo. Patos, cisnes y más fauna pasea por los caminos junto al visitante, sin inmutarse. Eso sí, cuidado con alguna mamá cuidando de sus “pezqueñines”, mejor no arrimarse.

Paseando por cada camino, el visitante siente que ha pasado mucho tiempo, pero que en el fondo, no diferencia mucho una época de otra. Bueno, exceptuando los ruidos de los coches que proceden del exterior. Para eso, el Retiro de Madrid siempre será único. Allí dentro, la vida de fuera no se oye. Pero volviendo al Campo del Moro, sólo se puede decir que no hay mejor manera de acabar una tarde que paseando entre la naturaleza. El único reproche, es que algunas partes podrían tenerlas mejor cuidadas, pero como se suele decir: “Las cosas de Palacio, van despacio”.


Fotos: Canon Eos 450 D

ROCÍO CAMPOS

domingo, 25 de julio de 2010

UN CASTILLO CON MUCHO MÁS QUE OFRECER



Llamada por mi espíritu aventurero y alentada por un artículo del periódico “El Mundo” del domingo 18 de julio sobre las visitas teatralizadas que se estaban realizando en el castillo de Manzanares del Real, nos acercamos mi novio y yo a descubrir la historia de una fortaleza más de nuestra geografía española.

El castillo-palacio de los Mendoza, es una fortaleza remodelada (se nota en todas sus estancias) que empezó a construirse en 1475. La visita que ha organizado la dirección general de Turismo de Madrid, es corta, cara y, en ocasiones, sosa. No obstante, se puede contemplar una de las múltiples bellezas arquitectónicas que guarda nuestra comunidad.

Hay dos grupos para concertar la visita, siempre con cita previa: a las 21:30 y a las 22:30, viernes y sábados. Antes del paseo por el castillo, se puede contemplar el centro de interpretación. Después, se pasa al patio central y un malabarista, con juegos de manos y trucos muy comunes, deleita a las 30 personas, más o menos, que llenan un grupo de visita. Finalizado el monótono espectáculo, se accede al vestíbulo del palacio, cuyas paredes están cubiertas de tapices de la serie de “Julio César”, como la mayoría de los que se encuentran por todo el palacio. Dos actores, que se hacen llamar Don Pedro de Zúñiga y Salcedo y Doña Isabel Asensio, amenizan la velada con explicaciones de la historia del castillo y la zona en la que se encuentra, mezclándolo con ironías de guerras de sexos y secretos.

El recorrido incluye pasar por salas como el patio porticado, el zaguán, la sala Santillana, la sala del Infantado, el estrado de las Damas (desde donde se pueden ver unas magníficas vistas del embalse de Manzanares), la alcoba y el oratorio o galería de Juan Guas. A continuación, los visitantes pudimos recorrer las torres del castillo y usar, al fin, la cámara de fotos para poder retratar el paisaje. Y todo esto por el precio de 6 euros. Bastante caro si pensamos que la visita es corta y aburrida en algunos momentos. Entiendo que los monumentos necesiten su conservación y restauración, pero creo que todo tiene que tener una equivalencia.

Obviando a los actores y la parafernalia, lo inolvidable de todo esto es pensar en todos los hechos, personas, acontecimientos que han pasado por ese castillo y que forman parte de la historia de nuestro país. El peso de tantos años es una atmósfera que envuelve cada estancia y que se materializa cuando subes a las torres y observas el paisaje. La percepción de dominio de todo lo que se ve no tiene precio y por un momento uno tiene la sensación de sentirse dueño y señor de un castillo.

Fotos: Canon Eos 450D

ROCÍO CAMPOS

domingo, 11 de julio de 2010

CUENCA, UNA CIUDAD CON ENCANTO

El interior más escondido...


En un lugar de la Mancha…descubrí un lugar pequeño, pero con unos alrededores inmensos en belleza. Este pequeño enclave es Cuenca y por mucho que la gente diga que se ve en un día, yo recomiendo que paséis un fin de semana en ella.

Me había prometido que antes de acabar el año tenía que conocer esta ciudad y dicho y hecho. Aparcando en el Parador de Turismo, el antiguo convento de San Pablo, y cruzando a píe el puente que lleva el mismo nombre, se puede ver la primera de las visitas que tiene la ciudad. Las Casas Colgadas son de origen medieval (s. XIV) realizadas cuando Cuenca adquiere su apogeo económico. Utilizando sólo materiales como el yeso y la madera, parece mentira que se mantengan en pie después de tanto tiempo y que ni las condiciones climatológicas las hayan hecho caer. Aunque la verdad sea dicha, tiene que dar un poco de vértigo asomarse a sus balcones.


Seguimos nuestro paseo y llegamos hasta la Plaza Mayor, alargada en vez de cuadrada. Un signo más de lo diferente que es este lugar del resto de España. Allí también encontramos la Catedral. Su portada, tan blanca y limpia, parece que hubiese sido construida hace poco, pero el libro que nos sirve de guía turística (siempre es recomendable llevar uno) nos indica que aunque su recomposición fue realizada en 1902, su primera piedra se colocó a principios del siglo XII. A la vez, la falta de unas torres y el vació que se siente al mirar entre los huecos, da la sensación de que detrás no hubiera nada, pero todo lo contrario: el interior es extraordinario y, además, lo tienen muy bien aprovechado porque a la entrada, previo pago 2 euros, te dan un papel con las distintas partes de la catedral y un auricular para que vayas escuchando todo el recorrido.

Subimos por la calle de San Pedro y la iglesia con ese mismo nombre nos recibe ya cerca de los restos de la muralla del antiguo castillo. Es un lugar pequeño, pero lo mejor es subir a su torre, aunque si se tiene un poco de vértigo tened cuidado porque el sitio es muy estrecho, pero las vistas de la ciudad merecen la pena.

Parada para comer. Si llegáis hasta la muralla y tenéis ganas de caminar un poco más cuesta arriba, encontraréis un sitio que se llama “Mesón El Caserío” (C/ Larga 25). Recomendado al cien por cien. Buenas raciones y comida de calidad.


Salimos de Cuenca ciudad para admirar sus alrededores. Cierto es que la ciudad es pequeña, pero no se puede venir a Cuenca y no pasear por lugares tan bonitos como “La Ciudad Encantada” o ver el nacimiento del Río Cuervo. Vayamos por partes.

“La Ciudad Encantada” es un paraje verde en el que se pueden admirar la forma que han dejado los fenómenos meteorológicos en las piedras. Una cabeza de hombre, un perro, la lucha entre un cocodrilo y un elefante…Un lugar ideal para pasear, hablar y ver cómo la naturaleza siempre será una gran desconocida para el hombre. Algunas formas en las piedras hay que imaginárselas, todo sea dicho, pero otras no hay ni que leer el cartel para saber lo que son. Un lugar maravilloso que no hay que perderse.

Por otra parte, el nacimiento del Río Cuervo es otro de los secretos mejor guardados de esta pequeña comarca. El agua que emana de las piedras es completamente pura, hasta ganas dan de beberla. Paseando al lado del río, se siente una paz que no se experimenta en la ciudad. Aquí todo es tranquilo, no existen las prisas, todo está quieto y sólo el fluir del agua interrumpe una paz para llenar el ambiente de vida.


Viajar a Cuenca es una experiencia que no se puede describir a la perfección. Cada viajero vive su viaje de una forma y los sentimientos que percibe son sólo suyos. Pero Cuenca es un lugar mágico que imprime en el aventurero unos momentos inolvidables, donde descubre unos lugares que nunca pensó que el interior de España guardase tan bien. Hay ciudades donde tus pies te vuelven a llevar porque que dejan una huella tan profunda que el alma necesita volver.

Dos recomendaciones más: alojarse en el hotel “Alfonso VIII”, enfrente del Parque San Julian.

Un sitio más para comer: cerca del nacimiento del Río Cuervo, en Vega del Codorno, hay unas casitas con un restaurante que se llama “Cabañas El Sabinar” (969 283 209-02), donde se puede comer venado o jabalí que están para chuparse los dedos.

Fuente: Guía turística de Cuenca "Giarama".

Fotos: Canon Eos 450D

ROCÍO CAMPOS

miércoles, 30 de junio de 2010

ALMOROX, UNA PEQUEÑA PARTE DEL MUNDO

Pequeños lugares que nos hacen más grandes.

A veces, entre los edificios altos de la ciudad, el ruido de los coches, la gente pasando por la calle, el trabajo…nos olvidamos que la vida es algo más que todo eso. Fuera del límite de la población en la que habitamos, hay otros lugares que no conocemos, que ni siquiera sabemos que existen. Sus habitantes se levantan todas las mañanas (como nosotros) para realizar sus tareas, sin prisas por coger el tren, metro o autobús. Se saludan y paran para hablar sin mirar el reloj. Observan desde su ventana y ven un pinar, un río, las montañas…Yo sólo veo a mi vecino de enfrente. Por eso, los fines de semana intento aprovecharlos y ver que hay detrás de todos los edificios, casas y centros comerciales, y lo que descubro supera mis expectativas.

Hace un par de semanas, me invitaron a pasar un día en “Almorox” (Toledo), un pueblo a una hora en coche de Madrid. La casa en la que iba a pasar el día (y en la que disfruté de una agradable barbacoa y velada) estaba situada a unos 2 minutos del pueblo, en una urbanización entre los pinares. Tranquilo, sin ruidos, con la naturaleza como única vista desde el balcón. Sin pensar en el tiempo.

Como aventurera y curiosa que soy, les pedí a unos familiares que me acompañaran al pueblo a ver qué rincones escondía. Bajamos y nos acercamos a la oficina de turismo en la plaza de Almorox (siempre hay que acudir a ellas cuando se llega a un lugar desconocido. Sus aportaciones pueden hacer el recorrido más agradable).

Lo primero que fuimos a visitar fue la iglesia, dedicada a San Cristóbal y edificada en tiempo de los Reyes Católicos. Pequeña, recogida y muy acogedora. Apetecía sentarse en el último banco y que la historia penetrase en el cuerpo. A veces no es cuestión de andar y andar por los pasillos. El mejor viajero es el que de vez en cuando para, se sienta, observa y reflexiona. La historia nos enseña que antes de nosotros existieron otros, y antes, otros tantos y así sucesivamente. Todos ellos hicieron que lo que hoy somos, tenga algún sentido (aunque de vez en cuando lo perdamos).

Bajamos y llegamos hasta la plaza de Almorox, de estilo castellano, como la mayoría de las plazas de los pueblos del interior de España y con más historia de nuestro país. Pequeña, como toda la población, pero llena de vida. En ella se encuentra “la picota”, una columna en cuya coronación, rematada por cabeza de leones, se encuentra un templete con un escudo con la letra “A” y la fecha de construcción, 1566.


En esta misma plaza se encuentra el Ayuntamiento (allí también está la oficina de turismo), construido en 1799, en época de Carlos IV. De todos los Ayuntamientos que he visto, en distintos pueblos y ciudades, tengo que decir que el de Almorox es el que más desapercibido pasa. Sabes qué es ese edificio cuando lo ves y por la situación, pero está tan insertado con el paisaje guardando una armonía, que puede parecer, tan pequeño, otro edificio más de pisos.


De vuelta a casa de mis anfitriones, paramos en la “Ermita Ntra. Sra. de la Piedad”. Construida en el siglo XVII sobre los restos de una mezquita árabe, este pequeño santuario adorado por sus habitantes, es un pequeño remanso de paz. Aquí no es necesario sentarse y reflexionar. El pequeño habitáculo es una muestra de lo que somos. El interior de España sigue guardando historias que jamás conoceremos. Esa historia está en cada pared, en cada lugar, en cada pueblo que recorre nuestras carreteras. Somos un país pequeño, pero muy grande y rico en historia y los pequeños lugares son a veces los que nos lo recuerdan.

Un proverbio senegalés dice: “Cuándo no sepas a dónde vas, párate y mira de dónde vienes.” Cuando hagan turismo, párense, observen y miren de dónde vienen.

Fuente: Folletos turístico "Almorox"

Fotos: Canon Eos 450D

ROCÍO CAMPOS